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BLOCKCHAIN EN TIEMPO DE GUERRA

Suponga, querido lector, que es usted un ciudadano iraní que en estos momentos se ve atrapado en la peor crisis militar y política de los últimos cincuenta años. Necesita pensar en su futuro y el de su familia: entre otras cosas, ha de pensar si su dinero está a salvo, porque no hay bancos abiertos, internet no funciona y es más que posible que la divisa nacional haya perdido el cien por cien de su valor. Es en estas situaciones límite cuando sale a la luz el valor de la verdadera innovación, porque si puso su liquidez en Bitcoin, todos los problemas anteriores están solucionados. Da igual que los bancos caigan o que los cajeros automáticos dejen de dar efectivo, da igual el vacío de poder político, da igual que el gobierno de turno intente confiscaciones o congelaciones de cuentas. Su dinero está a salvo de todo ese ruido, esa infamia, esa maldad, ese dolor.

El Gobierno iraní ya lo hizo antes

El ejemplo anterior no es tan extemporáneo, pues Irán solía ser una potencia en temas de minado de Bitcoin, dado que podían usar una electricidad baratísima que proporcionaba generosos márgenes a los mineros y, además, se sabe que el gobierno iraní vino usando Bitcoin para esquivar las sanciones internacionales en distintos escenarios. Lo que queremos resaltar es que el dinero Fiat (el que imprimen sin límite los bancos centrales y circula a través del sistema bancario) es un tipo de artificio que responde mal a las situaciones habituales (evaporándose a través de la inflación y la expansión de la masa monetaria) pero responde aún peor a situaciones de crisis. En cambio, un dinero anónimo, inconfiscable y respaldado por una red descentralizada, mantiene a salvo el poder adquisitivo incluso en las situaciones más difíciles.

Un viejo lema bitcoiner dice: “tu dinero en el banco, ni es tuyo, ni está en el banco, ni es dinero”. No es tuyo porque puede ser confiscado de manera unilateral, como sabe cualquiera que haya tardado en pagar una multa de tráfico o una tasa municipal; no está en el banco, porque el banco solo está obligado a mantener una décima parte de los depósitos; no es dinero, porque solo está respaldado por la capacidad legal del sistema bancario de crear liquidez como deuda.

La última trampa del viejo sistema

Todo esto va a cambiar, y el cambio es inminente. El cártel bancario ha visto las ventajas de la tecnología blockchain a nivel de costes y seguridad y en breve veremos como se ofrece al consumidor un nuevo ecosistema de productos tokenizados, desde el mercado inmobiliario a los mercados de acciones o bonos, con liquidez 24/7 y total fiabilidad. Pero esa será todavía la última trampa del viejo sistema, porque faltará el elemento que distingue a Bitcoin por encima de cualquier otro activo: la descentralización. Una blockchain centralizada no es más que una herramienta más eficaz en manos de los vampiros de siempre. Hay que ponerse a salvo y llegar a un escenario en que nuestro dinero sea dinero, no vuelva a estar nunca más en un banco y sea total y radicalmente nuestro. ¿Demasiado bonito para ser verdad? Estudiar y entender Bitcoin es el primer paso del camino; nadie que lo haya hecho ha vuelto atrás.

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