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METAVERSO VS. DESCENTRALIZACIÓN

Llegan noticias, inesperadas pero no sorprendentes, sobre la decisión de Meta de cerrar su proyecto emblemático de los últimos años, el famoso metaverso. Se calcula que las pérdidas son de ochenta mil millones de dólares invertidos en Reality Labs desde 2021; hay oleadas de despidos masivos y un cambio de dirección estratégica hacia la IA. Mientras tanto, en mitad de la más absoluta incertidumbre geopolítica, Bitcoin resiste en los 70.000 y prosigue su adopción institucional a la espera de la promulgación definitiva de la regulación del mercado crypto con la Clarity Act de la administración Trump.

El ciberespacio: una versión casera de los SIMS

El hype en torno al metaverso fue absolutamente artificial y fruto de una decisión personalísima de Mark Zuckerberg, que entró en modo visionario y decidió que las nuevas formas del famoso “connecting people” (el lema fundacional de Facebook) pasaba por los espacios virtuales. Llegó a desarrollarse un mercado inmobiliario en los mundos virtuales, con inversores comprando propiedades a precio de oro para poder instalarse en un ciber espacio que nunca se alejó demasiado de una versión casera de los Sims. ¿Hay aquí una lección? Sí que la hay.

Un proyecto comunitario y descentralizado como Bitcoin no depende de las ocurrencias (afortunadas o no) de una cúpula directiva o de un tecno gurú de Silicon Valley; no lanza campañas de propaganda para publicitar su atractivo ni depende de las dinámicas empresariales; no depende de un nodo central que decida sobre servidores, reglas o monetización; no puede ser “apagado” por una decisión personal del mismo modo que ahora Meta ha “apagado” el metaverso.

Bitcoin sigue captando capital por el puro poder de atracción de su aportación de valor. Puede incluso interpretarse esta realidad en términos estrictamente físicos: una red eléctrica como la de Bitcoin (la mayor en manos privadas, superior a la suma de las redes de Google, Amazon y Meta sumadas) genera un campo gravitatorio propio. Si entendemos la conversión entre energía y masa, tal y como establece la relatividad einsteniana, el enorme circuito eléctrico de Bitcoin tendría una capacidad de atracción gravitacional que crece por sí solo. El tipo de ventajas que ofrece no necesita ningún departamento de marketing.

Dinero computacional, escaso y fiable

En el mundo que viene, dominado por la aparición de agentes IA como principales actores del mercado, la estructura descentralizada ofrece un tipo de seguridad a salvo de factores singulares tales como los arranques de entusiasmo visionario de un CEO con exceso de confianza. Bitcoin no es una empresa, sino un idioma (un protocolo de red que permite a los ordenadores conectarse entre sí para intercambiar valor gracias a estrucutras P2P) y solo podría ser cancelado por una decisión masiva de dejar de “hablar” ese idioma. Posible, pero más o menos tan probable como que todos los usuarios de internet dejen de golpe de usar el protocolo http para ver las series de Netflix o comprar sartenes en Amazon. Podemos estar bien tranquilos.

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