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La Ley de Gresham parece estar funcionando en El Salvador: el dinero malo está desplazando al dinero bueno en el mercado

Contexto de las Negociaciones con el FMI

En 2021, El Salvador se convirtió en el primer país del mundo en adoptar bitcoin como moneda de curso legal, junto al dólar estadounidense. Este movimiento, impulsado por el presidente Nayib Bukele, generó una gran atención internacional y una fuerte polarización respecto a sus beneficios y riesgos potenciales. Para fomentar el uso del bitcoin, el gobierno salvadoreño creó la billetera digital Chivo Wallet, proporcionando 30 dólares a cada ciudadano que la descargara y utilizara. Además, se implementaron cajeros automáticos y puntos de venta para facilitar las transacciones con bitcoin. Desde entonces, El Salvador ha acumulado 5,865 bitcoins, valorados en aproximadamente 320,3 millones de dólares a marzo de 2024. Este enfoque ha sido considerado un «experimento» audaz por muchos analistas económicos, con el objetivo de reducir la dependencia del país en el dólar estadounidense y buscar una mayor autonomía financiera.

Ahorro y uso de Bitcoin

A pesar de la promoción inicial y las inversiones estatales, el uso cotidiano del bitcoin ha cambiado su enfoque entre la población. De acuerdo con la encuesta «Rumbo País 2024», el 54.4% de la población logra ahorrar algún monto al mes, mientras que el 45.2% no lo consigue. Aunque este porcentaje de personas que no logran ahorrar aún presenta desafíos, refleja una mejora sustancial en comparación con la situación antes de la llegada de Bukele al poder, cuando la capacidad de ahorro era considerablemente más baja. Para aquellos que logran ahorrar, se entiende que bitcoin se ha convertido en una opción atractiva para preservar valor, ya que ofrece mayor seguridad en la custodia y es deflacionario, es decir, su valor tiende a aumentar con el tiempo en lugar de depreciarse. Mientras tanto, el dólar estadounidense se utiliza mayormente para el gasto diario, siguiendo la lógica de la Ley de Gresham: el «dinero malo» desplaza al «dinero bueno» en el mercado cuando el primero se percibe como menos valioso para el ahorro. En este caso, el dólar, una moneda inflacionaria, se usa para las compras diarias, mientras que el bitcoin, percibido como un activo que se revaloriza, se reserva para el ahorro a largo plazo.

Aunque Gresham no lo especificara en su ley, se ha visto que sólo esta se cumple cuando el receptor de la moneda está obligado a aceptar cualquiera de las dos monedas por ley, algo que sí aplica para El Salvador. De lo contrario, el comerciante solo aceptaría la «moneda buena», y esta sería la hegemónica para las transacciones.

Esta dinámica de ahorro está generando un cambio interesante en los hábitos financieros de la población salvadoreña. El uso de bitcoin para las compras diarias ha disminuido y el interés en utilizarlo como reserva de valor parece estar en aumento. Esto representa una evolución positiva para el país, ya que más personas están comenzando a acumular ahorros, circunstancia fundamental para el desarrollo económico de un país. La posibilidad de que los ciudadanos almacenen su riqueza en bitcoin, una moneda deflacionaria y con características de seguridad avanzadas, podría tener un impacto positivo significativo en la economía local a mediano y largo plazo.

Perspectiva del FMI sobre Bitcoin en El Salvador

El FMI interpreta la disminución del uso de bitcoin en las transacciones cotidianas como un indicio de que la población está prefiriendo el dólar estadounidense sobre la criptomoneda. Sin embargo, esta interpretación no tiene en cuenta el uso de bitcoin como una herramienta de ahorro a largo plazo. Es posible que bitcoin tenga un valor más apreciado y un mayor rol en la estrategia de ahorro de los salvadoreños de lo que el FMI pretende sugerir. Mientras el dólar sigue siendo la moneda de elección para el comercio diario, bitcoin ha ganado terreno como un vehículo de acumulación de valor, debido a su naturaleza deflacionaria y su mayor seguridad en términos de custodia.

Las discusiones actuales entre el FMI y el gobierno salvadoreño se centran en cómo implementar reformas que impulsen la productividad y la gobernanza económica del país. Estas reformas incluyen el fortalecimiento de la supervisión bancaria, la mejora de la transparencia en el uso de los fondos públicos, teniendo en cuenta que Bitcoin no puede ser más transparente, y el fomento de políticas que incentiven la inversión extranjera, aun sabiendo que bitcoin se ha convertido, no solo en un reclamo turístico sino de inversión. Además, el FMI ha enfatizado la importancia de establecer políticas fiscales responsables para garantizar que el país pueda cumplir con sus obligaciones de deuda, una deuda que año tras año va disminuyendo. En este contexto, la adopción del bitcoin y su impacto en las finanzas públicas sigue siendo un punto de tensión, ya que el FMI considera que la volatilidad inherente a esta criptomoneda podría afectar la capacidad del país para mantener una economía estable.

Posibilidad de un Acuerdo y Futuro del Bitcoin en El Salvador

Dado que el PIB salvadoreño está en aumento y el déficit en disminución, la fuerza negociadora del FMI podría decaer.

Mientras tanto, el debate sobre el uso de bitcoin en el país sigue evolucionando. Los partidarios de la criptomoneda defienden su potencial para promover la inclusión financiera, especialmente entre aquellos que no tienen acceso a servicios bancarios tradicionales. Argumentan que bitcoin ofrece una alternativa segura y accesible para almacenar valor y realizar transacciones, lo cual es particularmente importante en un país donde muchas personas no tienen cuentas bancarias. Por otro lado, los detractores señalan los riesgos para la economía, incluyendo la volatilidad del bitcoin, la posible devaluación del dólar frente a la criptomoneda y el endeudamiento internacional que podría surgir si el país se ve obligado a cubrir pérdidas relacionadas con la inversión en bitcoin.

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